domingo, 18 de julio de 2010

Cinco poemas para Dios

TRAGEDIA PRIMA (24.)

Apiñada la muchedumbre, en sillas,
No en piñas. Los asientos de los sueños.
- Poetas venid¡!, (Voz inequívoca de Dios)
Inequívoca.
Al escuchar mi nombre temblé,
Era una muchedumbre, el escalofrío del mundo
De los sueños, las sillas de los poetas ocupadas.
El poeta abandonaba el cuerpo,
En un curso del alma,
La mía lo siguió.

De aquí no se vuelve para despedir el hermoso disfraz
Sentado, pegados los riñones al respaldo.
Bien derechita¡! (Voz de mamá).
Ojos que caen para siempre,
Mirada que cede su espacio al alma poética de Dios.
Mi nombre inequívoco. Acudí.
Avancé, me avergüenzo del privilegio,
No hubo más que decir. Adiós cuaderno.

- No, espera, voy contigo ¡!

(((Vive en una piña debajo del mar, Bob Esponja))).